Torreón
SAÚL RODRÍGUEZ
dom 22 nov 2020, 9:18am 11 de 14

Vivir la pandemia en el transporte público de Torreón

En algunos camiones es inevitable romper con la medida de la sana distancia.

Se realizaron distintos recorridos en varios horarios de rutas del transporte público para constatar las aglomeraciones
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Son las siete de la mañana y el termómetro marca 13 grados en Torreón. José de León, de 28 años y bioquímico de profesión, se alista para acudir a su trabajo en unos laboratorios de la colonia Eduardo Guerra, donde tiene que registrar su entrada a las ocho de la mañana. Es la colonia Rincón de la Merced. José vive en un domicilio de la avenida Estación del Torreón junto a su padre Manuel, de 59 años, quien recién se recuperó de COVID-19 y apenas el pasado martes regresó a su empleo en una imprenta.

El tema del coronavirus no es nuevo para José de León, pues el joven lo experimentó en carne propia el pasado mes de julio. La enfermedad lo mantuvo 15 días en casa al cuidado de su padre, quien extrañamente no se contagió en ese momento.

A pesar de haber acabado una licenciatura, José de León apenas gana ocho mil pesos al mes, lo cual no es suficiente para cotizar la compra de un automóvil, por lo que tiene que transportarse a su lugar de trabajo todas las mañanas en autobús.

José sale de su domicilio rumbo a la calle de los Peltres, donde camina siete cuadras para tomar su transporte frente a la Escuela Secundaria General Número 11. Antes los autobuses pasaban frente a su casa, pero estos cambiaron la ruta debido al mal estado de la carpeta asfáltica; en Rincón de la Merced el drenaje aún es un problema no resuelto.

Durante la caminata, el joven continúa relatando su experiencia. Comenta que cuando su padre enfermó le tocó tomarle la temperatura todos los días hasta que finalmente salió negativo. También le es inevitable recordar su propio caso, del que duda haberse contagiado en el transporte público, pues asegura que la ruta que toma no es de gran afluencia.

"El autobús que tomo siempre ha ido solo. Los que sí van hasta el tope son los Dalias, porque los veo que van pasando y sí van llenos. De ley me contagié en el jale, pero se me hace raro porque traemos cubrebocas y hay entrada y salida de aire".

A las siete con quince minutos, José aborda el autobús de la Ruta Sur Jardines con concesión C-5111. En el interior los escasos pasajeros portan cubrebocas, a excepción del chofer, quien frente a una imagen de San Judas Tadeo colocada en el parabrisas, ameniza su travesía al ritmo de una cumbia lagunera.

José avanza cuatro filas por el pasillo, toma asiento del lado izquierdo y comienza a recordar los síntomas que le advirtieron sobre la presencia del SARS-CoV-2 en su organismo: "Dolor de cabeza, pero un dolor feo, así como si te estuvieran taladrando la cabeza aquí en la sien, como si tuvieras una corona. Así estuve las dos semanas: dolor de cabeza, dolor de cuerpo, cansancio, temperatura y perdí el gusto".

El joven continúa su testimonio sobre cómo ha vivido la pandemia, de que solo podía comer sopas tras su recuperación y de cómo al llevar a consulta a su padre se percató de las grandes filas que se hacen en la Clínica 16 del IMSS.

"Aparte (los que hacen fila) no están pasando, todavía siguen atendiendo a la gente de la noche. Tú ves a la gente e imagínate cuánto te vas a tardar ahí. Y como no pude entrar, nomás podía entrar mi papá, ya me quedé afuera y en eso veo dos carrozas entrando". Tras casi media hora, José de León se alista para terminar su viaje en la calzada Lázaro Cárdenas de la colonia Eduardo Guerra. "Te digo, dudo que me haya contagiado aquí en el camión, porque mira cómo va solo. Siempre me sentaba hasta atrás por lo mismo".

EN EL DALIAS DIRECTO

En contraparte, para constatar lo mencionado por José de León, este medio de comunicación se volvió a trasladar a la colonia Rincón de la Merced para abordar una unidad de la Ruta Sur Dalias Directo. Son las ocho de la mañana y el autobús con concesión C-6274 frena su andar frente a la Secundaria 11.

En esta ocasión, el chofer porta su cubrebocas y curiosamente una imagen de San Judas Tadeo vuelve a hacer su aparición en el parabrisas. El santo es uno de los más venerados en la ciudad y la demanda de sus favores ha crecido en estos tiempos de incertidumbre.

Al contrario del viaje anterior, los más de 40 asientos ya se encuentran ocupados. Si bien todos portan cubrebocas, solo una pasajera porta careta. Indudablemente el transporte se llenará en algún momento.

Al salir de la colonia, los pasillos del autobús ya han sido llenados por pasajeros, quienes por más que buscan mantener la sana distancia, fracasan en su objetivo. La aglomeración es inevitable. Quienes se mantienen de pie se balancean ante las vibraciones del vehículo y se sostienen como pueden de los pasamanos; ir por el pan de cada día es un riego que sí o sí tiene que correrse.

Para miles de laguneros, el autobús es su único medio de transporte. Hacerse de los servicios de un vehículo particular no es opción ante la ansiedad de los bolsillos, más cuando la ruta cobra 13 pesos y un viaje en Uber o taxi de Rincón de la Merced al Centro de la ciudad se registra entre los 80 y 100 pesos.

Al llegar al bulevar Rodríguez Triana, el autobús ya no recoge a cinco ciudadanos que esperaban el autobús en la esquina de avenida Universidad. A pesar del sobrecupo, la unidad no es inspeccionada en ningún momento, así que sigue su curso por la calzada División del Norte, hasta que la afluencia de pasajeros comienza a bajar paulatinamente después de que la ruta llega al bulevar Revolución.

RECORRIDO VESPERTINO

Por la tarde, El Siglo de Torreón realizó otro recorrido por las rutas de la ciudad. Esta vez se abordó la unidad con concesión C-3354 de la Ruta Ciudad Nazas, la cual se tomó en el bulevar Revolución a la altura de la calle Rodríguez, con rumbo al oriente. En contraste de los tiempos prepandémicos, el autobús registró poca afluencia a las dos de la tarde, pues a esta hora se hace más notoria la ausencia de los estudiantes.

En el marco vespertino, el calor también colabora para restarle comodidad a la travesía. Los 30 grados del otoño lagunero hacen que el contorno de la boca comience a sudar, por lo que algunos pasajeros optan por bajar sus cubrebocas durante un instante y darse un respiro a pesar del riesgo que esto implica.

A la unidad se presentan personajes de la cotidianidad urbana: un vendedor de golosinas con playera de futbol y protegido con careta, un ciudadano que pide dinero para el tratamiento médico de un familiar y finalmente un inmigrante hondureño con su hijo en brazos, quien sin protección, agradece a los ciudadanos su empatía, pues él solo se encuentra de paso.

En el interior de estas tres unidades abordadas no se registró ningún tipo de aviso ni de advertencia sobre cuáles son las medidas recomendadas por las autoridades para afrontar la pandemia de COVID-19. Tampoco se registró ninguna inspección sanitaria a los vehículos.

A más de ocho meses del inicio de la contingencia en la región, la situación sigue siendo crítica y la búsqueda de soluciones que armonicen con el cuidado de la salud y las actividades económicas de los ciudadanos, se mantiene complicada.

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