EDITORIAL
PATRICIO DE LA FUENTE
vie 22 mar 2019, 7:39am 1 de 9

La cena con Kushner


SIN LUGAR A DUDAS...
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A días de abandonar la Cancillería, Luis Videgaray dio su última entrevista en calidad de Secretario de Relaciones Exteriores al programa ¡Qué importa! de Imagen Televisión, conducido por su hermano Eduardo y José Ramón San Cristóbal.

Fue una conversación ligera, medio en broma y medio seria, con el hombre más poderoso, cercano e influyente entre los ministros de Peña Nieto. En varias ocasiones se dijo que Videgaray era el vicepresidente de facto, quien en realidad gobernaba, y se le atribuyó mucho más poder que a José Córdoba Montoya en tiempos de Salinas.

Entre chiste y chiste, Videgaray aceptó que su más grave error como Canciller había sido precipitar la visita de Donald Trump a México cuando era un simple aspirante a la Casa Blanca. Haberle dado tratamiento de jefe de Estado supuso dañar políticamente a Pena Nieto, pues la opinión pública en su conjunto consideró que el primer mandatario se ponía de tapete, fue humillado y permitió que ciento veinte millones de ciudadanos fueran ofendidos.

“La forma en que lo hicimos no estuvo bien pensada, creo que lo hicimos de manera muy apresurada. Se agravió mucho al país y el presidente de la República por seguir una recomendación mía, una gestión mía, asumió un costo político significativo”, reconoció Videgaray. No lo dijo a cuadro en la entrevista con su hermano y San Cristóbal pero a raíz de las críticas que suscitó dicho encuentro con Trump, la relación entre el Presidente Peña y Videgaray terminó enfriándose.

Durante dicha conversación con Imagen, también se abordó la figura de Jared Kushner, yerno de Donald Trump, en la actualidad uno de sus principales y más cuestionados asesores. Como corolario de una relación de altibajos y un enorme cúmulo de agravios, el último acto de Videgaray como Canciller fue cabildear para que Kushner recibiera El Águila Azteca, la máxima condecoración que el Gobierno de México otorga a ciudadanos extranjeros por sus contribuciones excepcionales en beneficio de nuestro país.

Al hablar del tema, Videgaray justificó tan extraña decisión aduciendo que Trump y Kushner eran personas distintas, y que era injusto que el yerno del mandatario norteamericano asumiera la culpa por la retahíla de insultos que le ha propinado a México desde que anunciara su candidatura en 2016. “Les puedo afirmar categóricamente que sin la intervención de Jared Kushner, hoy no tendríamos un acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá. Entregarle el Águila Azteca es un acto de justicia porque siendo honesto, conozco a muy pocas personas que hayan hecho algo tan significativo e importante para la relación bilateral que Jared Kushner”, manifestó el ex canciller.

Meses después de aquella ceremonia de entrega a Kushner que suscitó un cúmulo de críticas entre los simpatizantes de la cuarta transformación, ayer trascendió que el Presidente López Obrador se reunió con Kushner en la casa de Bernardo Gómez, uno de los presidentes de Televisa, empresa a la que durante muchísimos años el hoy mandatario tildó como integrante de la famosísima “mafia de poder” y con la cual mantuvo un flanco abierto de guerra.

Según lo dicho por el propio presidente López Obrador, con Kushner se estarían negociando algo así como 10 mil millones de dólares de inversión para México. Sin embargo, también se dice que otro motivo de la reunión sería el interés del Gobierno de Trump de que México asuma una postura más radical respecto a Venezuela y el régimen dictatorial de Nicolás Maduro, y de una buena vez deje de escudarse en un concepto tan caduco como lo es la Doctrina Estrada, para no condenar los ataques sistemáticos a las garantías individuales del pueblo venezolano.

Como haya sido, advertimos que quienes ayer se rasgaban las vestiduras por el tratamiento que se le dio a Kushner, hoy hacen mutis y tragan saliva al enterarse de la reunión secreta en casa del segundo hombre más fuerte de Televisa después de Emilio Azcárraga.

A sabiendas de que para resultar efectiva, muchas veces la diplomacia tiene y debe de ser conducida en secreto, no me parece mal que el presidente se haya reunido con Kushner si ello traerá como consecuencia inversiones para el país y la posibilidad de distender una relación tan complicada desde que Donald Trump se convirtió en presidente de Estados Unidos.

Si para tales fines se debe recurrir a canales de interlocución en la entidad de Televisa u otros factores de influencia, ello tampoco me espanta. Lo que irrita es el doble discurso que por un lado habla de “separar el poder político del económico” y tilda a ciertas entidades como “mafia de poder”, y por el otro comprueba que el amasiato entre poderes es una condición natural de nuestra circunstancia que nada, ni siquiera la cuarta transformación, habrá de alterar.

Sería bueno llamar a las cosas por su nombre. No es lo mismo ser borracho que cantinero.

Lo que sí queda claro es que la influencia del primer yerno de Estados Unidos es transexenal y no repara en colores ni partidos. Andrés Manuel López Obrador y Enrique Peña Nieto, dos presidentes que son como el agua y el aceite, ya sea por un bien superior o por conveniencia, han sucumbido a los encantos e influencia de Kushner.

La pregunta sigue siendo a cambio de qué, porque en política nada es gratis. Nada es nada.

Twitter: @patoloquasto

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