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Columnas Deportes
RAFAEL ROSELL
dom 10 feb 2019, 1:36pm 1 de 1

La Columna de Rosell


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Cuando se presentó de manera oficial ante los medios de comunicación el nuevo propietario de los Algodoneros del Unión Laguna, daba la impresión que el beisbol regresaba después de una larga ausencia en nuestra región. Como cuando hubo aquel receso de tres años sin beis en Torreón del 82 al 84, en 1985 Don Jorge Duéñez Zurita encabezó a un grupo de empresarios laguneros para adquirir la franquicia de Indios de Ciudad Juárez y regresar la pelota a nuestra Laguna.

Así se sentía el ambiente el pasado jueves en la rueda de prensa como si el beisbol y nuestros algodoneros se hubieran ausentado por un largo período, pero no fue así, sí hubo beis el año pasado, pero fue tan traumática la experiencia, fue tal el maltrato a una franela legendaria como la guinda, seguido de un período de incertidumbre impresionante, una rueda de la fortuna de información verdadera y falsa, un día un dueño, otro día otro.

Desde la inteligente decisión de Alejandro Irarragorri de no tomar la administración de los Algodoneros, más que suficiente tiene en que ocuparse con sus dos equipos de futbol y demás negocios que le absorben el tiempo como para andarle batallando a un asunto que se presentaba bastante peliagudo. Ahí la esperanza se nos esfumaba, luego el presidente de la República anuncia el rescate del Águila de Veracruz, ¡tómala! seguramente cambio de franquicia, adiós, Algodoneros.

Luego que la familia Murra le entraba al rescate, en cuestión de minutos esto se desmintió, entonces la Liga anuncia que es probable que vayan con ¡18 equipos! A petición presidencial, incluyendo a Laguna. Y de repente en medio de toda esta locura y caos informativo, aparece la luz proveniente de un joven empresario apasionado por los deportes, Francisco Javier Orozco Marín que tenía como primera intención comprar a los Saraperos de Saltillo, ciudad donde juegan los Dinos del futbol americano profesional de nuestro país y del cual Orozco es propietario.

Pero las cosas se alinearon (como dice él) para enfocarse en Unión Laguna y de manera milagrosa para muchos (me incluyo) se da por fin el cambio de dueños y la certidumbre regresa a los corazones de los aficionados a la pelota. Las cosas están del cocol para arrancar propiamente la temporada el próximo cinco de abril, "tenemos que comprar desde bats y pelotas" dice Francisco Javier, los antiguos dueños se llevaron hasta los clips y grapadoras. Se llevaron la pantalla y habrá que comprar otra (la Liga lo exige) acondicionar el terreno de juego, rehabilitar los dogouts o vestidores en lamentables condiciones, rehabilitar los sanitarios también en condiciones deplorables.

El municipio ya empezó dándole una recortada a los árboles de esas características jardineras en la parte frontal del Estadio, y así poco a poco el Revolución, un parque con prosapia ira recuperando su antiguo esplendor. Los Algodoneros serán manejados en el terreno por Jonathan Aceves Martínez el famoso becerro, que hará su debut como manager, y que de todo se le puede llegar a criticar menos de tibio, el nacido en San Luis Río Colorado en Sonora siempre se caracterizó en ser explosivo con el bat y sin él.

La buena noticia, la gran noticia es que no se va el beis, la mala, que no es propiamente mala y de eso depende de nosotros, es que tomando en cuenta la emergencia del caso, aficionados, medios de comunicación y autoridades en la medida de nuestras posibilidades nos unamos y le demos la mano a Orozco Marín para que esta difícil temporada del 2019 sea más llevadera, ojalá se rompiera récord de ventas de abonos, ojalá el promedio de entrada durante toda la temporada fuera de tres cuartos de estadio. Estamos de acuerdo que la gente sigue a equipos ganadores, no sabemos a ciencia cierta si esta versión 2019 de los Algodoneros lo será, pero señores este es un caso especial y las grandes exigencias pueden esperar, se trata de mantener con buena salud a alguien que estaba desahuciado. Por lo pronto provoquemos la sonrisa desde el cielo del más grande pelotero en la historia de nuestro béisbol, el fantástico Martín Dihigo Llanos, que la franela que el defendió seguirá ondeando en las calurosas noches veraniegas del Revolución.

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